De 28 despertares a dormir 10-11 horas seguidas: el testimonio de la familia de Victoria

Hay noches en las que dejas de contar los despertares porque ya no sabes si realmente has llegado a dormir.

Eso fue exactamente lo que les ocurrió a Fuensanta y Carlos con Victoria.

Cuando llegaron al Método Descanso 360, Victoria tenía 10 meses y podía despertarse entre 8 y 12 veces cada noche. Hubo una noche especialmente dura en la que llegaron a registrar hasta 28 despertares.

Fuensanta pasaba la noche intentando volver a dormirla al pecho. Carlos había terminado durmiendo fuera de la habitación. Los dos trabajaban y empezaban a sentir que aquella situación ya no era sostenible.

Hasta que decidieron pedir ayuda.

Y lo que ocurrió después no fue solamente que Victoria empezara a dormir más.

Fue que toda la familia recuperó el descanso, la tranquilidad y la posibilidad de disfrutar de su día a día.

Cuando los despertares nocturnos empiezan a convertirse en agotamiento

Fuensanta cuenta que Victoria dependía muchísimo de mamá y del pecho para volver a dormirse.

Cada vez que se despertaba, había que cogerla, consolarla y volver a colocarla en una posición muy concreta. Si Fuensanta intentaba moverse, Victoria volvía a abrir los ojos.

Así una vez.

Y otra.

Y otra.

Hasta llegar a ocho, diez, doce despertares… o incluso veintiocho.

Mientras tanto, Carlos dormía en el sofá para que al menos uno de los dos pudiera descansar algo.

Pero el problema no era solamente el cansancio.

La situación empezó a afectar al trabajo, al humor, a la relación familiar y también a la preocupación de los padres por el descanso de Victoria.

Llegaron incluso a preguntarse si Victoria podía tener insomnio o algún otro problema relacionado con el sueño.

Y aquí aparece una de las frases más importantes de su testimonio: ¿cuánto tiempo tenemos que aguantar antes de pedir ayuda?

Mamá se había convertido en la única figura capaz de dormir a Victoria

Una de las dificultades del caso era que Victoria había desarrollado una asociación muy fuerte entre dormir, mamá y pecho.

Carlos cuenta que llegó un momento en el que ni siquiera podía dormirla o calmarla.

Y eso también generaba presión.

Porque no solo estaba agotado: sentía que no era capaz de ayudar.

Fuensanta, por su parte, tampoco podía descansar porque toda la responsabilidad nocturna recaía sobre ella.

La familia había llegado a una dinámica que parecía imposible de romper.

Y, como ocurre tantas veces, habían hecho lo que habían podido con la información que tenían.

Pecho, movimiento, brazos, caminar, mecer…

No porque estuvieran haciéndolo mal intencionadamente, sino porque nadie les había enseñado otra forma de abordar el descanso de Victoria.

Los primeros cambios llegaron antes de lo que esperaban

Una de las cosas que más sorprendió a Carlos fue comprobar que los primeros cambios llegaron durante la primera semana.

Los despertares se redujeron a menos de la mitad y Victoria empezó a poder alargar sus periodos de sueño.

Pero el objetivo no era simplemente conseguir que se despertara menos.

Durante la fase de higiene del sueño también se trabajaron sus horarios, sus rutinas, su alimentación y su espacio de descanso.

Victoria pasó a dormir en su propio dormitorio y Carlos pudo volver a compartir habitación con Fuensanta.

Para una familia que llevaba tiempo durmiendo separada, aquello ya suponía un cambio enorme.

El gran miedo: que papá pudiera dormir a Victoria

Llegó entonces uno de los momentos que más miedo les generaba: trabajar el sueño autónomo nocturno.

Y aquí Carlos tenía una duda muy concreta:

¿Sería capaz de dormir a Victoria?

Hasta ese momento, mamá era su principal figura de seguridad para dormir.

La primera noche incluso intentaron apoyarse en una abuela.

Pero comprobaron que aquello hacía más difícil que Victoria entendiera la nueva dinámica.

Al día siguiente decidieron seguir las pautas y dejar que Carlos asumiera ese papel.

Los primeros días fueron intensos.

Pero también fueron mucho más rápidos de lo que habían imaginado.

Victoria comenzó a aceptar a papá como otra figura de seguridad y descanso.

Y algo cambió también en Carlos.

El miedo a no poder hacerlo desapareció.

Dormir de forma autónoma no significa dejar a tu peque llorando sola

Uno de los grandes temas de esta entrevista es precisamente el miedo que muchas familias sienten cuando escuchan hablar de sueño autónomo.

Carlos explica que al principio tenía la sensación de que podía estar «abandonando» a su hija.

Sin embargo, durante el proceso, Victoria estaba acompañada.

Papá estaba a su lado.

Y si realmente hubiera necesitado ser cogida, habría sido atendida.

La diferencia estaba en no volver automáticamente a la asociación que había mantenido los despertares nocturnos.

Por eso, antes de trabajar la parte conductual, es necesario evaluar qué está ocurriendo y abordar las variables que pueden estar interfiriendo en el descanso.

El testimonio de esta familia muestra precisamente la importancia de no reducir el sueño infantil a una única técnica.

Y entonces llegó el cambio que parecía imposible

Después de unos pocos días, Victoria empezó a hacer algo que para sus padres había sido impensable:

La acostaban.

Le daban un beso.

Y se dormía.

Sin pecho.

Sin tener que caminar con ella.

Sin que mamá tuviera que permanecer a su lado toda la noche.

Y el cambio no terminó ahí.

Hoy Victoria tiene 16 meses y duerme habitualmente entre 10 y 11 horas seguidas.

Incluso cuando se despierta durante la noche, es capaz de volver a dormirse por sí misma.

Sus padres cuentan algo especialmente significativo: cuando tiene sueño, Victoria incluso señala su cuna y muestra que quiere ir a dormir.

El sueño ha dejado de ser una lucha.

Ahora forma parte de su propia rutina.

Victoria aprendió a reconocer sus propias señales de sueño

Uno de los aspectos más bonitos del testimonio es observar cómo ha cambiado la relación de Victoria con el descanso.

Antes, sus padres tenían que hacer todo lo necesario para conseguir que se durmiera.

Ahora es ella quien muestra que tiene sueño.

Y esto también se ha trasladado a las siestas.

De hecho, en su caso no fue necesario implementar un aprendizaje de sueño autónomo diurno porque Victoria terminó rechazando los brazos para dormir.

Ella misma empezó a preferir su cuna.

Esto demuestra algo importante: cada peque tiene su propio ritmo y no todos necesitan exactamente las mismas intervenciones.

Dormir bien también aporta libertad a la familia

El cambio no se ha quedado dentro de la habitación de Victoria.

Fuensanta y Carlos cuentan que ahora pueden organizar una cena en casa mientras Victoria descansa tranquilamente.

Pueden viajar.

Pueden cambiar de cuna.

Incluso hicieron un viaje a Estados Unidos y Victoria fue capaz de adaptarse al nuevo contexto.

Eso no significa que todos los días sean idénticos.

Significa que sus padres ahora conocen mucho mejor las necesidades de su peque.

Saben cuándo necesita dormir.

Reconocen sus señales.

Y saben qué cambios puede tolerar y cuáles pueden afectar más a su descanso.

La importancia de la constancia durante el proceso

Otro aprendizaje fundamental que comparte esta familia es la importancia de mantener las pautas durante el proceso.

Fuensanta explica que en ocasiones otras personas de su entorno les decían:

«¿Qué más da media hora?»

«¿Qué más da una hora?»

Pero ellos decidieron mantener la estructura que estaban trabajando.

Y comprobaron que la constancia era importante.

No porque una excepción vaya a arruinar el descanso de una familia, sino porque durante un proceso de cambio resulta fundamental poder observar los patrones y entender qué necesita realmente el peque.

Después, cuando el aprendizaje está asentado, llega una flexibilidad diferente.

Ya no se trata de obedecer un horario porque sí.

Se trata de comprender las necesidades de tu peque.

El acompañamiento fue una de las claves para ellos

Cuando Fuensanta y Carlos hablan de lo que más valoraron del Método Descanso 360, ambos coinciden en algo: el acompañamiento.

No querían recibir unas instrucciones y quedarse solos.

Necesitaban poder preguntar.

Compartir sus dudas.

Contar qué había ocurrido esa noche.

Y saber que había alguien al otro lado para ayudarles a interpretar lo que estaba pasando.

Porque cuando estás agotado, cualquier pequeño cambio puede convertirse en una enorme preocupación.

Tener acompañamiento les permitió avanzar con más seguridad.

Y también aprender.

Hoy ya no necesitan que alguien les diga qué hacer ante cada situación porque conocen mucho mejor a Victoria.

Seis meses después, el cambio continúa

Victoria llegó al proceso con 10 meses.

En el momento de la entrevista tiene 16.

Es decir, han pasado seis meses.

Durante ese tiempo ha atravesado cambios, viajes, dentición y días de enfermedad.

Y el descanso se ha mantenido.

Incluso estando malita y con tos, Victoria ha sido capaz de despertarse, incorporarse, volver a acomodarse y continuar durmiendo.

Cuando realmente necesita a sus padres, los llama.

Y sus padres han aprendido a diferenciar esos despertares de aquellos que antes estaban relacionados con su forma de conciliar el sueño.

«¿Por qué no empecé antes?»

Quizá una de las frases que más resume todo el testimonio de Fuensanta sea esta:

«No sé por qué no empecé antes.»

Porque muchas familias esperan.

Esperan a que pase.

A que madure.

A que deje la lactancia.

A que empiece la guardería.

A que le salgan los dientes.

A que desaparezcan los despertares.

Y mientras tanto, acumulan cansancio.

El testimonio de Victoria no pretende decir que todas las familias necesiten exactamente el mismo proceso.

Pero sí deja una reflexión muy importante:

Si el descanso de tu peque y el de toda la familia está afectado, pedir ayuda también puede ser una forma de cuidaros.

El descanso también es una necesidad

Hoy Victoria duerme.

Sus padres duermen.

Y la familia ha recuperado algo que parecía muy difícil de recuperar: la tranquilidad.

No se trata solamente de dormir más horas.

Se trata de dejar de vivir cada noche anticipando el próximo despertar.

De poder acostarte sin miedo.

De saber que tu peque tiene recursos para volver a dormirse.

Y de recuperar energía para disfrutar de la maternidad y la paternidad durante el día.

Como dice Fuensanta durante la entrevista, el cambio ha sido real: sienten que les han cambiado la vida.

Escucha el episodio completo

La historia de Victoria es una historia de una familia que llegó al límite, pidió ayuda y descubrió que la situación podía ser diferente.

Si quieres escuchar cómo vivieron cada paso del proceso, sus dudas, sus miedos y el momento en que Carlos consiguió convertirse también en una figura de seguridad para dormir, puedes escuchar el episodio completo de Dormir para Vivir.

Escucha el episodio aquí.

Y si estás viviendo una situación parecida con tu peque, recuerda que no tienes por qué esperar a llegar a la desesperación para pedir ayuda.

En Alicia Marqués encontrarás información y acompañamiento especializado en sueño infantil.